miércoles, 27 de noviembre de 2019

En cuanto al general Ivolguin, sucedióle por entonces una cosa totalmente imprevista. Su amiga, la señora Terentiev, a quien había entregado en diversas ocasiones pagarés por valor de dos mil rublos, le hizo encerrar en la cárcel por deudas. Semejante modo de obrar impresionó dolorosamente al infeliz Ardalion Alejandrovich, «víctima de su infundada fe en la generosidad del corazón humano, hablando en términos generales». Al adoptar la amable costumbre de firmar pagarés y letras de cambio, nunca había imaginado que pudiesen conducirle a complicación alguna y siempre supuso que todo marcharía bien. Pero ahora resultó que no era así. «Después de esto, ¿quién puede confiar en el género humano? ¿Cómo va uno a mostrar noble confianza hacia los hombres?», solía explicar Ivolguin con amargura cuando se sentaba ante una botella de vino con los compañeros de prisión, sus nuevos amigos, relatándoles anécdotas sobre el sitio de Kars y la resurrección de cierto soldado. Por lo demás, se amoldó muy bien en seguida a su nueva situación. Ptitzin y Varia afirmaban que aquél era su lugar adecuado y Gania compartía esta creencia. Pero la infeliz Nina Alejandrovna lloraba en secreto, lo que asombraba a toda su familia y, aunque delicada de salud, iba a visitar a su esposo siempre que podía.

El idiota - Fiodor Dostoyevski

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