martes, 5 de marzo de 2019

Pero el verdadero miedo es otro, aquel era un miedo de poca importancia, porque tenía el privilegio de lo aleatorio, podían irle las cosas mal, pero también podía salir del atolladero… el verdadero miedo es cuando la hora ha quedado establecida y sabes que será inevitable… es un miedo extraño, insólito, se siente una sola vez en la vida, y no vuelve a sentirse más, es como un vértigo, como si se abriera una ventana a la nada, y ahí el pensamiento se ahoga de verdad, como si se aniquilara. Ese es el verdadero miedo… Dentro de un rato, cuando deje de oír mi respiración, abra de par en par esa ventana, deje que entren la luz y los ruidos del mundo vivo, le pertenecen a usted, el silencio es mío. Y márchese enseguida, cierre la puerta y deje aquí el cadáver, ese no soy yo, ya le he dado disposiciones a la Frau para que se deshaga deprisa de él… Hay un amor religioso por la muerte que tiene algo de necrófilo, casi como si se amara más un cadáver que un vivo… Una buena muerte… qué tontería… la muerte nunca es buena, la muerte es repugnante siempre, es la negación de la vida… Se dice que la muerte es un misterio, pero el hecho de haber existido es el mayor de los misterios, aparentemente es trivial, pero es tan misterioso…

(...)

Ahora Tristano está cansado de verdad, ya no le queda aliento, lo notarás, tendría ganas de dormir, pero no el breve sueño de una inyección, un sueño largo y tendido, tan largo como debe serlo el sueño que compense las fatigas de haber vivido… Es hora de que los párpados se cierren y extiendan por dentro una sombra más oscura que estas persianas…

(...)

Pero si escarbas debajo de los paradigmas a menudo encuentras mierda, y esta es difícil de resolver, la mierda carece de solución… Hablas de un héroe y puede que te encuentres con la mierda… ¿y qué haces con ella, una estatua? Por qué no, la palabra impresa tiene esta función, en el fondo, ella también se dirige a la memoria futura como las estatuas, memoria y olvido a la vez, porque lo primero será engullido algún día por lo segundo… pero si no fuera más que olvido, ya sería bastante, porque antes habría memoria, que según se dice se refiere a la realidad, y me temo que las palabras se hacen la ilusión de aferrar la realidad… para mí describen solo su mecanismo, y ya estamos otra vez con el paradigma… Pero por debajo, la vida… la vida pulula como cuando levantas una piedra y encuentras un hormiguero y las hormigas huyen en todas direcciones… nosotros a eso lo llamamos hormiguero, y con eso nos entendemos, pero el hormiguero está formado por hormigas, y entretanto han huido todas. ¿Qué te queda? Un agujero. Excava, venga, excava.

(...)

ya te lo he dicho, la vida se vive, y mientras la vives ya se ha perdido, ha huido… de modo que lo que has oído es un tiempo resucitado, pero no es el tiempo de aquel aliento que estuvo vivo

(...)

De todo lo que somos, de todo lo que fuimos, quedan las palabras que hemos dicho, las palabras que ahora escribes tú, escritor, y no lo que yo hice en aquel lugar dado y en aquel momento dado. Perduran las palabras… las mías… las tuyas, sobre todo… las palabras que testimonian. El verbo no está al principio, está al final, escritor.

(...)

en Europa no la tiene ningún otro país, es un récord del que solo nosotros podemos presumir, se llama comisión parlamentaria de matanzas, esos documentos pueden ser consultados por los ciudadanos, si tienes tiempo, vete a echarles un vistazo, te los dejo de buena gana como te dejo este siglo… Y por fin, cuando las serpientes de la cabeza de Medusa se desplomaron, ellos salieron a la noche, Taddeo se puso otra vez al volante, lucía una hermosa luna llena, luna luna luna el niño la mira mira el niño la está mirando, cuando pasaron por delante de la placita de la iglesia, Tristano vio que en los muros del campanario había un buzón de correos, y le pareció el buzón de correos más indicado para la postal que le había escrito a Rosamunda, Miss Marilyn-Rosamunda, Pancuervo celeste, Cosmos. Esa era la dirección… dirección ilocalizable para cualquier cartero de este mundo, pero a Tristano le gustó hacer una cosa así, era como si se hubiera quitado un peso de encima… In dreams begins responsibility, he hecho lo que me pedías en sueños, un adiós de Tristano.

(...)

Es lo que os aguarda mañana, escritor, porque mañana será otro día, como decía Escarlata, os imagino a todos allí, por la noche, reunidos en vuestras cavernas con moquetas, mirando fascinados fijamente el fuego eléctrico, murmurando en coro muuuu… dejo a ese fuego eléctrico mi cruz de guerra, cachivaches, porque él será el señor dios vuestro y no tendréis más dios por encima de él…

(...)

Tristano miraba al sapo a los ojos y en aquellos ojos estaba escrito todo, y él lo comprendió todo, pero ya era tarde, las bombas habían estallado, los muertos habían muerto, los asesinos estaban de vacaciones y la fanfarria republicana sonaba en las plazas, porque era dos de junio, la fiesta nacional, y el sagrado estandarte ondeaba bullicioso al viento, un encargado cualquiera de saludar al estandarte lo estaba saludando en posición de firmes, al igual que estaba en posición de firmes Tristano delante del viñedo, meándose los zapatos…

(...)

su ojo captó una estrella en movimiento, que estrella no era, por ser móvil y demasiado resplandeciente, así pues era artificial, y le pareció captar el bip bip que esa nueva estrella emitía desde los espacios siderales y que le sonó en los oídos como si hubiera comprendido su código, y le parecía que decía… no penséis, gentes, no penséis, acordaos de no pensar, pensar cansa, es inútil, habéis empezado a pensar para producir un instrumento silíceo y después un recipiente de cerámica y la paleta y el orinal y el zyklon B y la bomba atómica, bonitos resultados eso de pensar, estáis cansados de pensar, pensadme solo a mí y yo os pensaré a vosotros, así seréis pensados, soy tontintolín y os protejo de vuestro propio pensamiento…

(...)

Como es habitual, me he salido del tema, hoy me había prometido hablarte de nuestras Hojas de Hypnos, creo que, sin habérnoslo dicho nunca, empezamos a hacerlas para responder a aquel pensador que se preguntaba si seguía siendo posible escribir poesía, después de todo lo indecible que había ocurrido. No solo era posible, tal vez fuera lo único sensato que podíamos hacer, porque cuando el monstruo ha sido vencido y has dejado de creer en los vencedores del monstruo, no te queda más opción que creer en tus propios sueños… la responsabilidad empieza en los sueños, te decía, es la frase que pusimos como epígrafe en nuestros libritos, porque nuestra mano solo llega hasta donde termina el brazo, pero el sueño va mucho más lejos… es una prótesis, supera la cárcel de la existencia.

(...)

La vida… una novela leída una sola vez hace mucho tiempo, lo dijo un filósofo, no me acuerdo de quién, debe de ser un alemán, solo un alemán puede ser capaz de decir una cosa así, tan verdadera y tan siniestra…

(...)

¿te estaba hablando de las religiones? Tengo la impresión de que antes te estaba hablando de las religiones, pero tal vez no, en todo caso era para decirte que Tristano no creía en la fe, si es que puedo expresarme así, en definitiva, que no tenía esa gracia, como dicen aquellos que tienen fe, y Tristano esa gracia no la tenía, y por lo tanto estaba en situación de riesgo y lo que sucede es que las personas como él, que no tienen nada inexistente en lo que creer, acaban por creer en los hombres porque existen, lo que todavía es peor, aunque haya también algo peor que lo peor de lo peor, porque Tristano creía creer en los hombres, pero para mí que en su interior no creía en ellos, y eso es lo peor de lo peor de lo peor, no sé si me explico. Y, por eso, en sus momentos más bajos mantenía a la chita callando una fe propia en esas religiones en las cuales, para llegar a tener algo de fe, los sacerdotes deben tomar algo parecido a la morfina que la Frau me dispensa con parsimonia, algo que dura lo que dura, y mientras dura, todo va bien, pero no es el paraíso, porque el paraíso debería ser eterno, y el de Tristano no era más que una pensión por horas donde soñar un buen

(...)

Ferruccio decía que quien escribe para comentar la vida cree siempre que su comentario es más importante que lo que comenta, aunque no se dé cuenta. Tú, que escribes acerca de la vida, ¿qué opinas de ello?

(...)

Él, que no creía en ningún señor dios suyo, acabó confiándose a un insensato peregrinaje a los orígenes… ¿A los orígenes de qué?, te preguntarás. No sabría decirte… a los orígenes de esa civilización suya por la que había empuñado el fusil, o esa que él creía que era la suya, pobrecillo infeliz, llamémoslo así, el exaudaz Anselmo, que se fue a la guerra y se puso el yelmo, se puso el yelmo de la libertad en la cabeza para no hacerse demasiado daño, la civilización del Occidente, escritor… ahí te quería ver, ¿no será como la sombra del paisaje?… al otro lado del océano, otro Occidente con una antorcha en una mano y una bomba atómica en la otra, sostiene que el verdadero Occidente está ahí, y qué hacemos ahora, ¿por qué lado se va a la camita el sol? Y entonces, y entonces… En resumen… que estoy cansado… De repente me siento cansado, me sentía tan pimpante… debe de ser esa historia de la libertad y de la igualdad… ciudadano escritor, me parece oír decir, he aquí nuestra información cotidiana sobre la igualdad, facilitada a todos los oyentes de nuestro libre programa matutino con los datos del instituto nacional de medición de la libertad, el índice de la bolsa de la igualdad cotiza hoy muy a la baja, debido al hecho de que a un país algo más al sur que el nuestro, poblado por gente pobre y malvada, le hace falta un lección de libertad, y toda la bolsa se ha desplazado hacia el sur…

(...)

¿quieres saber cómo es que Tristano empezó a pensar en eso y, sobre todo, cómo es que se preguntó por el porqué, un porqué por el que tú no te preguntaste, por qué razón, si el principio era sano y el ideal era sano? Y si el principio era sano y el ideal era sano, ¿por eso había que hacer morir a la gente? ¿Hacer que saltaran por los aires? ¿Hacerles pedacitos? ¿Es pues tan cara la libertad que hay que pagarla a ese precio?… Nous n’osons plus chanter les roses, ha escrito alguien. ¿Osas cantarlas tú todavía? Comprenderás que a uno como Tristano se le ocurriera irse a Delfos, solución idiota como la que más, solución no-solución… Pero ¿qué nos queda cuando todo es ceniza?

(...)

¿Sabes cuál es la verdadera naturaleza de la traición? Que es traidora, que traiciona incluso a aquel que traiciona, y no tiene confines, como la sombra sobre el paisaje, empiezas por traicionar un amor, o un leve cariño, quiero decir, una cosa de nada, un gato por ejemplo, y acabas por llegar a ti mismo, pero tú no sabías que acabarías por llegar a ti mismo, pues entonces no hubieras dado el primer paso, y en cambio ese paso precisamente, una cosita de nada, que tan insignificante te parecía, se ha convertido en una catástrofe, es un aluvión, la riada te arrastra, tú braceas, braceas, no se puede nadar en la riada… ¿Me comprendes? Claro que me comprendes, tú también estabas en este país, durante estos años, como lo estaba Tristano, y no eres tú de esos que hicieron como si nada, de esos que o no estaban, o bien dormían o miraban las cismas del arte, laureles, laureles, en alto los corazones…

(...)

Pero él, en aquel tiempo, entendía el mundo de forma binaria, ya sabes, la naturaleza nos ha acostumbrado a lo binario, y nosotros nos hemos dejado convencer como unos estúpidos, blanco y negro, frío y caliente, masculino y femenino. En definitiva, o así o asá. Pero ¿qué razón hay para pensar que la vida deba ser así o asá?, ¿te lo has preguntado alguna vez, escritor? Yo creo que te lo has preguntado, y tal vez sea por eso por lo que te he llamado. Pero él, en aquel tiempo, el futuro lo veía dividido en dos, porque pensaba que la historia estaba dividida en dos, qué idiota, no sabía que la historia la hacemos nosotros, nos la construimos con nuestras propias manos, es una invención nuestra, y podríamos hacer otra, solo con quererlo, solo con no dejarnos convencer por la historia de que ella es así o asá, solo con tener la fuerza de decirle, señora historia, usted no es nada, no se haga tanto la arrogante, usted no es más que una hipótesis mía, y si no le importa, ahora me la invento como prefiero. Pero para decir eso es necesario ser viejos, e inútiles, casi cadáveres como lo soy yo, cuando comprendes que ella era una ilusión, un fantasma, ya no puedes hacerla, ya ha sido hecha.

(...)

Son pocas las memorias que nos quedan, escritor, los comentarios de César, las confesiones de Agustín, algunos de profundis, como el de Molly, ese también es un de profundis del útero, pero lo escribió un hombre, y también el mío es un de profundis… sabes, escritor, cómo me gustaría tener un útero, ahora, quisiera ser una mujer, una mujer joven, hermosa, fecunda, con la linfa que le circula por el cuerpo, sería precioso… y que es elevada por la luna como las mareas, una mujer que fuera el origen del mundo, y en cambio tengo dos cojones secos que la gangrena está royendo, y estoy aquí contándote viento.

(...)

ábreme la ventana, escritor, deja que entre el frescor nocturno, ah, la noche, déjate de atardeceres, la noche sí que debería ser celebrada, pero hacen falta cojones para celebrar la noche, porque la noche trae sueños, y pesadillas a menudo, y es difícil enfrentarse a las pesadillas, más que enfrentarse a los nazis, es allí donde se ve si eres de verdad un héroe, déjame solo, por favor, quiero ver si consigo dormir.

(...)

Para los fuegos de San Juan en la piazza San Nicoló un gitano tocaba un organillo, giraba la manivela y la gente se ponía a bailar… Estas viejas historias ya no le interesan a nadie, pero alabado sea el estribillo pobre que viene del pasado para devolvernos los días muertos…

(...)

Sabes, escritor, si Tristano hubiera tenido el don del vaticinio, le habría dicho que algún día se encontraría con aquel perro, le habría dicho, Rosamunda, algún día reconocerás a este perro, por lo demás no es un perro, es una perra, pero es difícil adivinar el sexo de un perro enterrado en la arena, yo, sin embargo, sé que es una perra… pero Tristano el don del vaticinio no lo tenía, por eso te estoy contando a ti lo que hubiera debido intuir él, porque ciertas señales han de ser comprendidas a tiempo, no cuando uno está muriéndose…

(...)

no hay ni un alma, y tal vez el guardián de la sala se haya quedado dormido en su silla, si yo fuera el director de este museo impondría que delante del perro hubiera siempre un cuenco de agua fresca, pero los directores de los museos ignoran los deseos de sus cuadros, se limitan a cumplir con su oficio, les importa un bledo que el perro siga sufriendo para siempre, como quiso el pintor… El guardián dormía, como había previsto Tristano. Entraron, y el perro los miró con los ojos implorantes de un pequeño perro amarillo enterrado en la arena hasta el cuello, colocado ahí para sufrir, con el objeto de que se sepa per saecula saeculorum cuál es el sufrimiento de las criaturas que no tienen voz, que en el fondo somos todos nosotros, o casi.

(...)

Marios habló con voz neutra, como un médico que lee un diagnóstico o un juez una sentencia… las montañas son las mismas, y las piedras, y los árboles, pero todo ha acabado, ya no queda nadie, han muerto todos, yo también he muerto, el mariscal Papagos, condotiero negro de corazón y de alma, le ha dado a Grecia un nuevo caudillo y un nuevo rey, que son idénticos a los de antes, los ingleses le han echado una mano, los americanos también, el general Skolby, el gran estratega especializado en fusilamientos masivos… los ingleses y sus primitos tienen dos democracias, la buena, para el consumo interno, y la que se echa a perder enmoheciéndose en los almacenes del tiempo, esa es la de exportación, más adecuada para los pueblos pobres, total, los pobres digieren de todo… y ahora tú has vuelto, Tristano, ya veo que has vuelto, y me preguntas por los compañeros, por Daphne… los compañeros han muerto, Daphne está lejos, no sé dónde, a causa de sus conciertos, a Grecia no le hace falta su música, los mariscales quieren música patriótica que dar al pueblo de su nueva Grecia… ya veo que has vuelto, estás aquí como prometiste, pero tal vez no te hayas dado cuenta de que han pasado diez años, te fuiste en el cuarenta y tres, en cuanto la bestia de mi país esté muerta volveré con vosotros, decías, me parece que la bestia de tu país ya lleva muerta tiempo, pero aquí está más viva que nunca, ya te lo he dicho, si sientes nostalgia de los montes del Peloponeso, vete a pasear por allí, ve a oxigenarte los pulmones… Tristano, puedes volver por donde has venido, vuelve a tu país, si habías venido por nosotros llegas terriblemente a deshora, si era por Daphne, pásate otra vez el año que viene, o dentro de un par de años… Escritor, si tú hubieras conocido este episodio lo habrías contado como corresponde, el héroe que llega a la cita con diez años de retraso se merece algunas páginas, una parodia de Ulises, un Ulises cómico de película muda que se equivocaba de tranvía, en vez de coger el de Ítaca, subía al de Pancuervo…

(...)

He oído lo que te ha susurrado la Frau … lo que dice cuando está bajo los efectos de la morfina no lo escriba. No le hagas caso, tú escríbelo todo, todo, con morfina o sin morfina, recoge todo lo que puedas, los pedacitos reventados y también las migajas, también mi delirio soy yo…

(...)

en el monte Tristano llevaba una metralleta al hombro, naturalmente, y con esa metralleta se convirtió en el héroe que sabes, pero hasta allí fue con un catalejo de latón al que tenía mucho cariño, pertenecía a su abuelo, con aquel artilugio había descubierto el cielo cuando era niño, y se lo llevó consigo para mirar las estrellas desde las cimas de los montes, porque cuánto más alto estás mejor ves las estrellas… Un inglés que como tú escribía libros dijo que estamos todos en una cloaca pero que algunos de nosotros miramos las estrellas, y tal vez Tristano tuviera ganas de ver las estrellas porque su país era una auténtica cloaca… El tuyo ¿ahora cómo es? ¿Te gusta?

(...)

En cierto modo Tristano hizo lo mismo, yendo a resistir al monte, porque los nabos vinieron más tarde… pero esto lo digo juzgándolo a toro pasado, si es que lo mío es juicio, porque he tomado morfina… ¿Sabes que la Frau me ha puesto dos dosis? La Frau es así, un día te la escamotea, un día te la pone doble, se conmueve… es antipática, has visto qué jeta tan arisca, pero por dentro… para mí que siempre ha llorado por dentro sin llorar por Riera, quién sabe cómo lo hace, no sé si es por su carácter o porque es alemana, a veces los alemanes me parecen personas que pueden llorar por dentro sin llorar por fuera, basta con leer ciertas cosas que han escrito…

(...)

después el abuelo ponía el disco de uno que tocaba la trompeta y se entusiasmaba, se acariciaba sus bigotes blancos siguiendo el ritmo, escucha a este músico, decía, escucha cómo hace latir la vida en su trompeta, la vida es aliento, muchachito, en principio era el verbo, y los curas quién sabe lo que se han creído, pero el verbo es aliento, muchachito, nada más que aliento… en la vida hay que amar la vida, y a ti tiene que gustarte siempre la vida, recuérdalo, la muerte les gusta a los fascistas…

(...)

… Y mientras tanto los años habían pasado, largos, iguales, con bombas todas iguales, en trenes, en plazas, en bancos… ya sé que estoy dando saltos, estoy ya al final, es que tendría ganas de estar ya al final, aunque en realidad más al final de lo que estoy… y todo igual, decía, y juicios todos iguales, allí imputados todos iguales, en el sentido de que no estaban los imputados, había juicios pero no había imputados, es curioso, ¿no?, pero en una democracia lo importante es lo de fuera, no lo de dentro, lo que cuenta es el ritual, y si después no hay imputados, ¿a ti qué más te da?… todo igual realmente, y sonrisas todas iguales, oh, grandes sonrisas todas iguales en la mesa de las grandes potencias de las que se decía que formábamos parte… y ellos sacando pecho todos como pavos, y sus consortes de largo, porque era asunto de lo más ceremonioso, caramba, lugares escogidísimos, estilo embajadas, delegaciones, mansiones, fincas… sobre todo fincas, con los ministros fulano y mengano y jefes de Estado y prelados y empresarios y enviados especiales y sencillos, de domingo y de diario, y qué banquetes… refinadísimos, exquisitos, y banqueros ahorcados o por ahorcar, envenenados o por envenenar, algún fraile terrorista, de vez en cuando un bonito crac financiero, crac-crac, avanzaba la llamada civilización con sus dientecitos, como un animalito testarudo que ha penetrado en la madera de la encina, crac-crac, dios mío qué siglo decían los ratones empezando a roer el edificio…

(...)

las fotografías nos van a la par, nosotros nos arrugamos y ellas amarillean, se deterioran, tienen una epidermis como la nuestra, sabes, la piel conserva ese mar interior del que estamos hechos, porque estamos hechos de agua, protege el cuerpo del calor externo y a la vez mantiene el calor interior eliminándolo cuando es excesivo, con el tiempo… y cuando el mar se ha evaporado queda un envoltorio completamente arrugado, inútil… La saqué con la Leika que le cogí a un alemán, aquel oficial llevaba en el chaquetón, junto a la pistola, la foto de su familia y su querida Leika, era muy amante de su propia familia aunque masacrara a las de los demás, es humano amar a la propia familia, esa foto debe de ser del cuarenta y ocho o de un poco antes tal vez, cuando Tristano volvió a encontrar a la Guagliona, hoy me apetece llamarla así, fueron a parar a una especie de pensión, por casualidad, todo sucede por casualidad en la vida, a veces creo que hasta el libre albedrío es un producto de la casualidad…

(...)

¿sabes lo que me dijo? Me dijo una cosa que me turbó, que me conmovió casi, es extraño, porque la conmoción atañe a los humores que tenemos dentro del frasco, y los minerales como yo han dejado de tener humedad, y, en cambio, cuando me lo dijo con esas palabras suyas avaras, como avara es ella, en ese italiano áspero que siempre ha fingido no haber aprendido bien en los más de setenta años que ha vivido aquí, yo volví la cara hacia las persianas para que no se diera cuenta de que esta piedra no está completamente seca, y las lamas de las persianas empezaron a temblar, y no por la canícula que hacía fuera, porque me dijo con esa falta de tacto suya que, incluso cuando estaba lejos, o estaba en peligro, o ella creía que lo estaba, cada domingo a las cinco menos cuarto entraba en el salón, se imaginaba que servía el chocolate en las tazas y decía para sí misma en alemán, señorito, es la hora del poema. Y leía el que aquel día consideraba más adecuado para mí, como un viático, o un libro de horas… Tantas horas, son tantas de verdad, escritor

(...)

Él, mirándola de reojo, intuyó la interrogación en aquella pupila dilatada por el miedo y le murmuró, una curva oscura te sirve de padre, unas colillas masticadas, de hijo y un tiempo que ya no es tal, de espíritu santo, la trinidad de la que dependes es esa, querida Vanda, resígnate, no hay nada que hacer.

(...)

todos se quedaron mirando, sabían lo que estaba a punto de suceder, pero nadie se movió, nadie hizo gesto alguno, como si todos fueran presa de un hechizo, el ruido metálico del cargador pareció el de una piedra sobre el adoquinado, el soldado disparó y el chico se desplomó con la bicicleta encima… y entonces una vieja salió de la fila, dio un paso y su voz horadó el silencio helado de Plaka y gritó una injuria, Tristano la reconoció, era una maldición antigua que preveía una maldición eterna, los alemanes desplegados en el pórtico la oyeron y no la reconocieron por las palabras, la reconocieron por el timbre, el soldado apuntó y disparó de nuevo, el cuerpo de la mujer cayó sobre el adoquinado, una figura vestida de negro que sacudía los brazos en su agonía, y Tristano, como por un don divino, mejor dicho, como por un don de ordenanza, porque llevaba el mosquetón de ordenanza, apuntó al pecho del alemán y lo dejó seco… y como por arte de magia Plaka se reanimó, y de la nada empezaron a surgir hombres, porque un inesperado director de escena como Tristano había decidido que era el momento de que entraran en acción las furias vengadoras de la tragedia griega, él no se esperaba que pudiera estallar una revuelta por un gesto hecho instintivamente, sin pensar en las consecuencias, pero fue como si los engranajes se hubieran puesto en marcha ellos solos, con la muerte la vida se había reanudado, y todo iba ya a una velocidad incontrolable, porque la vida es así, y la historia le va detrás, ¿se te ha ocurrido alguna vez, escritor?…

(...)

Tengo que confesarte una cosa… después de haberte llamado me arrepentí de haberte llamado. No sé bien por qué, tal vez porque no creo en la escritura, la escritura lo falsea todo, vosotros los escritores sois unos falsarios. O tal vez porque la vida uno debe llevársela a la tumba. Me refiero a la vida verdadera, la que se vive dentro. Para dejársela a los demás, basta con la vida que se vive por fuera, es ya tan evidente, tan impositiva. Y, en cambio, tengo ganas de escribir, es decir… de hablar… escribir por persona interpuesta, quien escribe eres tú, sin embargo soy yo. Extraño, ¿verdad?

(...)

y en ese círculo solo puede entrar él, porque la muerte es un hecho privado, muy privado, y allí no puede entrar nadie más que el que se está muriendo… y entonces le dice al compañero que le abandone, adiós y muchas gracias, y el otro regresa a la manada… De joven leí a Pascal, en aquella época me gustaba, en especial por su jansenismo, todo era tan blanco y tan negro, tan distinguible, ya me entenderás, entonces la vida era en blanco y negro, en el monte, había que tomar decisiones precisas, o a este lado o al otro, o blanco o negro, después la vida se encarga de traer el claroscuro… Sin embargo, de Pascal siempre me gustó esa definición suya, una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, me hace pensar en los elefantes…Y eso en cierto modo tiene que ver con lo que has sido llamado a hacer… como te decía, te hará falta algo de paciencia, porque para mi hora queda todavía algo de tiempo, pero por eso has venido enseguida a trotar conmigo, para hacer compañía al moribundo…

Tristano muere - Antonio Tabucchi
—Cuando por fin la venda, tendré un rifle —dijo en voz alta, y miró la reluciente esferilla en busca de su rifle, pero no vio más que un cuerpo tendido en el suelo y manando sangre de una herida en la garganta. Entonces dijo rápidamente—: Nos casaremos en la iglesia. —Y en la perla vio a Juana con la huella de su mano en el rostro arrastrándose por la playa—. Nuestro hijo aprenderá a leer —exclamó con frenesí, y en la perla surgió el rostro infantil hinchado y febril por efecto de la extraña medicina.
Kino volvió a guardar la perla, porque su música se había hecho siniestra y tenía extraño parentesco con la música del mal.

(...)

Los hermanos, mientras caminaban, semicerraban los ojos para mirar a todas partes con disimulo, tal como sus abuelos y bisabuelos habían hecho durante cuatrocientos años desde el día en que llegaron los extranjeros con su autoridad, su pólvora y sus sermones. Durante los cuatrocientos años los compatriotas de Kino sólo habían podido aprender un medio de defensa: semicerrar los ojos, apretar los labios y sumirse en una actitud distante y altiva. Era como edificar una pared en su torno, pared que los aislaba totalmente.

(...)

Porque se dice que los humanos no se satisfacen jamás, que se les da una cosa y siempre quieren algo más. Y se dice esto con erróneo desprecio, ya que es una de las mayores virtudes que tiene la especie y la que la hace superior a los animales que se dan por satisfechos con lo que tienen.

(...)

Toda clase de gente empezó a interesarse por Kino, gente con cosas que vender y gente con favores que pedir. Kino había encontrado la Perla del Mundo. La esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y de la reacción precipitó un curioso residuo oscuro. Todo el mundo se sintió íntimamente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino, con lo cual convirtiose en el enemigo común.
La noticia despertó algo infinitamente negro y malvado en la ciudad; el negro destilado era como el escorpión, como el hambre al olor de la comida, o como la soledad cuando el amor se le niega. Las glándulas venenosas de la ciudad empezaron a segregar su líquido mortífero y toda la población se inflamó, infectada.

(...)

Una ciudad se parece mucho a un animal. Tiene un sistema nervioso, una cabeza, unos hombros y unos pies. Está separada de las otras ciudades, de tal modo que no existen dos idénticas. Y es además un todo emocional. Cómo viajan las noticias a su través es un misterio de difícil solución. Las noticias parecen ir más de prisa que la rapidez con que los muchachos pueden correr a transmitirlas, más de prisa de lo que las mujeres pueden vocearlas de ventana en ventana.

(...)

Y los recién llegados, en particular los mendigos de la entrada de la iglesia que eran grandes expertos en análisis financiero, miraban rápidamente la vieja falda azul de Juana, veían los rotos de su chal, evaluaban las cintas verdes en su pelo, leían la edad en la manta de Kino y el millar de lavados de sus ropas, los clasificaban al momento como gente mísera y seguían tras ellos para ver qué clase de drama se iba a representar. Los cuatro mendigos de la puerta de la iglesia conocían todo lo existente en la ciudad. Estudiaban la expresión de las jóvenes en el confesionario, las miraban al salir y sabían la naturaleza del pecado. Estaban enterados de todos los pequeños escándalos y de algunos grandes crímenes. Dormían en los mismos escalones de la puerta de la iglesia así nadie podía entrar en el templo a buscar consuelo sin que ellos se enterasen. Y conocían al doctor. Sabían de su ignorancia, su crueldad, su avaricia, sus apetitos, sus pecados.

(...)

Oyó el leve crujir de las cuerdas al sacar Juana a Coyotito de su cuna, lavarlo y envolverlo en su chal de modo que quedara muy cerca de su seno. Kino podía ver todo esto sin mirarlo. Juana cantaba en voz baja una vieja canción que sólo tenía tres notas y, no obstante, interminable variedad de pausas. Esto también formaba parte de la Canción Familiar, como todo. A veces llegaba a ser un acorde doloroso que ponía nudos en la garganta, musitando: «esto es certeza, esto es calor, esto lo es todo».

La perla - John Steinbeck