miércoles, 13 de mayo de 2020

París. Fue de una frialdad absoluta con la señorita de La Mole. Parecía que no conservase recuerdo alguno de la época en que ella le preguntaba con tan buen humor por su forma de caerse del caballo.
La señorita de La Mole lo vio más maduro y más pálido. No tenía ya ni en el porte ni en el talante nada provinciano; no le sucedía lo mismo con la conversación; todavía se le notaba demasiada seriedad, un tono demasiado positivo. Pese a esas prendas de sensatez, no había en ellas nada subalterno merced a su orgullo; solo se notaba que consideraba aún importantes demasiadas cosas. Pero se veía que era hombre que podía sostener lo que decía.
—Le falta facilidad, pero no ingenio —le dijo la señorita de La Mole a su padre mientras bromeaban acerca de la condecoración que le había dado este a Julien—. Mi hermano estuvo ocho meses pidiéndosela ¡y es un La Mole!
—Sí, pero Julien es sorprendente, que es algo que nunca le ha sucedido a ese La Mole de quien me habla.

Rojo y negro - Stendhal

miércoles, 6 de mayo de 2020

El señor de La Mole se interesó por aquella forma de ser singular. Al principio, halagaba los aspectos ridículos de Julien para disfrutar con ellos; no tardó en sentir más interés por ir corrigiendo poco a poco los puntos de vista erróneos de aquel joven. Los que llegan de provincias lo admiran todo, pensaba el marqués; este es el único que lo odia todo. Los demás carecen demasiado de naturalidad; a este le sobra, y los necios lo toman por necio.

Rojo y negro - Stendhal

martes, 5 de mayo de 2020

En cuanto dejaba de trabajar, se adueñaba de él un aburrimiento mortal; tal es el efecto desecador de esa cortesía admirable, pero tan medida, tan perfectamente graduada según el rango, característica de la alta sociedad. A poca sensibilidad que tenga un corazón, cala el artificio que hay en ello.
Se le puede reprochar, desde luego, al trato de provincias un tono vulgar o poco educado. Pero cuando le contestan a uno ponen cierta pasión. En el palacete de La Mole nunca hería nadie el amor propio de Julien, pero, al final del día, tenía ganas de llorar. En provincias, un mozo de café se interesa por nosotros si nos ocurre un accidente al entrar en dicho café. Pero si hay en el accidente algo poco grato para el amor propio, al tiempo que nos compadece repetirá diez veces la palabra que nos tortura. En París tienen la atención de reírse a escondidas, pero siempre es uno un forastero.

Rojo y negro - Stendhal

viernes, 1 de mayo de 2020

Es tanto aún, incluso en este siglo de aburrimiento, el imperio de la necesidad de divertirse que, incluso los días en que había cena, todo el mundo salía escapado en cuanto el marqués dejaba el salón. Con tal de que no se gastasen bromas ni con Dios ni con los curas ni con el rey, ni con las personas con cargos en el gobierno ni con los artistas a quienes protegía la corte ni con nada de lo instituido; con tal de que no se hablase bien ni de Béranger ni los periódicos de la oposición ni de Voltaire ni de Rousseau ni de nadie que se permitiera cierta libertad de palabra; con tal sobre todo de que no se hablase nunca de política, se podían tocar libremente todos los temas.
No hay cien mil escudos de renta ni condecorado con la Orden del Espíritu Santo que puedan luchar con la carta magna de un salón así. La mínima idea viva parecía grosera. Pese al buen tono, a la perfecta urbanidad, al deseo de resultar agradables, se leía el aburrimiento en todas las caras. Los jóvenes que acudían a presentar sus respetos, temerosos de hablar de algo que hiciera sospechar que tenían alguna idea o de desvelar alguna lectura prohibida, se quedaban callados tras unas cuantas palabras muy elegantes sobre Rossini o el tiempo que hacía.

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