viernes, 11 de octubre de 2019

Serguiéi Ivánovich, que sabía como nadie poner fin inesperadamente a una discusión de lo más serio y elevado, vertiendo en ella un poco de sal ática y cambiando así el estado de ánimo de los interlocutores, lo hizo también esta vez.
Alexiéi Alexándrovich demostraba que la rusificación de Polonia solo se podía lograr a consecuencia de principios superiores que debía introducir la administración rusa.
Pestsov sostenía que un pueblo asimila a otro únicamente cuando está más poblado.
Koznishov admitía una y otra cosa, pero con limitaciones. Cuando salían del salón, para concluir la charla, dijo sonriendo:
—Por tanto, existe un medio para rusificar a los pueblos de otras razas: tener el mayor número posible de hijos. Mi hermano y yo obramos peor que nadie en ese sentido. En cambio, ustedes, señores casados, y sobre todo usted, Stepán Arkádich, proceden como perfectos patriotas. ¿Cuántos hijos tiene? —preguntó, dirigiéndose con afable sonrisa al dueño de la casa y presentándole su minúscula copita.
Todos se echaron a reír. Y Oblonski lo hizo más alegremente que nadie.
—Sí, ese es el mejor remedio —dijo, masticando el queso y escanciando un vodka de una calidad especial en la copa que le alargaba aquel.
En efecto, la conversación cesó con aquella broma.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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