lunes, 11 de noviembre de 2019

—Como el ambiente es tan cosmopolita… No sé quién encontraría más adeptos, si Settembrini con su República universal burguesa, o Naphta con su cosmópolis jerarquizada. No he perdido detalle, como ves, y aun así, no he conseguido comprenderlo todo; por el contrario, me ha parecido que todo lo que han dicho daba pie a una gran confusión.
—Eso siempre pasa. Hablar y exponer opiniones siempre tiene como resultado la confusión. Te lo digo yo: lo importante no son las opiniones que alguien tiene, sino si es un hombre íntegro. Lo mejor es no tener ninguna opinión y cumplir con el deber.
—Sí, tú puedes decir eso porque eres un mercenario y llevas una vida puramente formal. Mi caso es muy distinto, yo soy un civil y, en cierta manera, responsable de mí mismo. Y me pone nervioso ver semejante confusión, en la que uno predica la República universal y reniega de la guerra por principio y a la vez es tan patriota que reclama ante todo la frontera del Brenner, mientras el otro considera el Estado como una obra de Satanás y se espanta ante la idea de la unión de los pueblos y un momento después defiende el derecho del instinto natural y se burla de las conferencias de paz. Tenemos que volver a verle si pretendemos sacar algo en claro de todo ello. Dices que no estamos aquí no para hacernos más sabios, sino para curarnos. Tienen que poder conciliarse ambas cosas, querido primo, y si no lo crees así caes en el dualismo, y eso es siempre un gran error, tenlo en cuenta.

La montaña mágica - Thomas Mann

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