Ahora bien, si Tashtego hubiera perecido en esa cabeza, hubiera sido un valioso perecer; ahogado en el fragrante esperma más blanco y más delicado; metido en el ataúd, en el coche fúnebre, y en la tumba de la cámara interior y sanctasanctórum de la ballena. Sólo un final más dulce puede recordarse con facilidad… La deliciosa muerte de un recolector de miel de Ohio, que buscando miel en el interior de un árbol hueco encontró tan abundantes existencias, que al inclinarse demasiado fue succionado, de tal modo que murió embalsamado. ¿Cuántos, pensáis, han caído de igual manera en la cabeza de miel de Platón, y allí dulcemente perecido?
Moby Dick - Herman Melville
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