Esch o la anarquía - Hermann Broch
domingo, 21 de agosto de 2022
Era muy probable que ahora mamá Hentjen le matase, pues ella jamás comprendería que él, a pesar de todo, le había seguido siendo fiel; ella querría matarle, y también esto entrañaba una buena y libre seguridad. Aquel que se halla frente a la muerte es libre, y aquel que ha escogido el camino de la libertad ha aceptado la muerte. Vio ante él las almenas de un castillo en las que ondeaba silenciosa la bandera negra, pero podía tratarse de la torre Eiffel, pues ¡quién es capaz de distinguir el futuro del pasado! En el parque hay una tumba, la tumba de una muchacha, la tumba de una muchacha apuñalada. Sí, ante la muerte al hombre le está permitido todo, todo se vuelve libre, gratis por así decirlo y extrañamente desvinculado de cualquier obligación. Estaba permitido acercarse en la calle a cualquier mujer e invitarla a acostarse con uno, y esto no encerraría ningún compromiso, igual que la posesión de Erna, a la que él hoy o mañana abandonará para salir de viaje hacia las tinieblas.
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