Esch o la anarquía - Hermann Broch
jueves, 11 de agosto de 2022
Al que viaja por mar le gustan los cetáceos y los delfines que juguetean en torno al barco, y no tiene miedo a los icebergs. Pero si aparece una costa a lo lejos, no quiere verla y puede que se refugie en el interior de la panza del buque, hasta que aquella desaparezca de nuevo, porque sabe muy bien que allí no le esperan el amor ni la libertad, sino sólo una intensa angustia y los muros de la meta. Pero el hombre que busca el amor busca el mar: tal vez habla todavía de la tierra que está al otro lado del mar, pero no se refiere a ella en realidad, pues piensa que el viaje es inconmensurable, que es la esperanza del alma solitaria que intenta abrirse y absorber la otra alma que surge de la bruma y se filtra en él, el liberado, reconociéndole como lo que él es: el ser mismo, no nacido e inmortal.
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