jueves, 28 de julio de 2022

Todo esto era como un engranaje inevitable, que sin embargo dependía en cierto modo de su propia voluntad y precisamente por eso le parecía inevitable y lógico, más inevitable sin duda que el engranaje del servicio. Pero no pudo seguir el hilo de sus reflexiones, que le habrían revelado quizá algo espantoso, porque acababa de entrar en el pueblo y tuvo que poner atención en los niños que jugaban; justamente pasado el pueblo cruzó entre las dos casitas de los jardineros a izquierda y derecha del portón del parque.
«Me alegro de verle por fin otra vez aquí, señor Von Pasenow», dijo el barón, que lo recibió en el vestíbulo, y cuando Joachim le habló del invitado, a causa del cual había postergado su visita, el barón le reprochó no haber traído consigo a Bertrand. Ni el propio Joachim se lo explicaba; de seguro no hubiera supuesto ningún problema; pero cuando entró Elisabeth, encontró sin embargo más correcto haber venido solo. La encontró muy hermosa, oh, seguro que Bertrand tampoco se habría sustraído al encanto de una belleza así, y que en su presencia no se habría atrevido a emplear aquel tono desenfadado que le era propio. No obstante, a Joachim le hubiera gustado presenciarlo, al igual que se desea por ejemplo oír en la iglesia una palabra irrespetuosa o asistir a una ejecución.

Pasenow o el romanticismo - Hermann Broch 

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