Se marchó y estuvo ausente dos días y dos noches. Volvió cargado con una cocina de leña. Esa gabarra de hombre vino andando por el bosque con la cocina a la espalda. —¡No te tratas como a una persona! —dijo Inger. Isak tiró la chimenea, que no encajaba en la nueva casa, y en su lugar colocó la cocina—. No todo el mundo tiene una cocina de leña —dijo Inger—. ¡Qué afortunados somos!
La bendición de la tierra - Knut Hamsun
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