viernes, 13 de mayo de 2022

Y pudieron permitírselo. Isak ensambló y construyó la casa. También construyó una chimenea de piedra, pero con menos acierto, y a veces se mostraba descontento consigo mismo. Al llegar la época de la siega, Isak tuvo que dejar la construcción y dedicarse a segar las laderas, llevando el heno a casa en inmensas cargas. Un día de lluvia, dijo que tenía que bajar al pueblo. —¿Qué vas a hacer allí? —No lo sé muy bien.
Se marchó y estuvo ausente dos días y dos noches. Volvió cargado con una cocina de leña. Esa gabarra de hombre vino andando por el bosque con la cocina a la espalda. —¡No te tratas como a una persona! —dijo Inger. Isak tiró la chimenea, que no encajaba en la nueva casa, y en su lugar colocó la cocina—. No todo el mundo tiene una cocina de leña —dijo Inger—. ¡Qué afortunados somos!

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

No hay comentarios:

Publicar un comentario