martes, 31 de mayo de 2022

—¿Tiene usted un interés especial por esa muchacha? —preguntó el fiscal. —En cierto modo, sí —contestó Geissler—. O quizá sobre todo por el hombre. —¿Ha servido también en su casa la muchacha? —No, él no ha servido en mi casa. —Bueno, usted se refiere al hombre. Pero ¿y la joven? Ella es la que atrae la compasión del tribunal. —No, ella no ha servido en mi casa. —El hombre es más sospechoso —dijo el fiscal—. El que vaya completamente solo a enterrar el cuerpo del niño en el bosque resulta, como digo, sospechoso. —Supongo que simplemente quería enterrarlo —señaló Geissler—, ya que no se había hecho. —Bueno, ella era una mujer y no tenía las fuerzas de un hombre para cavar. Y en su estado mental no logró hacer nada más. En general —dijo el fiscal—, hemos desarrollado unos criterios más humanos sobre esta clase de infanticidios. Si fuera jurado, no me atrevería a condenar a esa joven, y teniendo en cuenta su situación, no me atreveré a pedir su condena. —¡Cuánto me alegra oírlo! —dijo Geissler con una inclinación de la cabeza. El fiscal prosiguió: —Como ser humano y persona particular iría aún más lejos: no condenaría a una sola madre soltera que hubiera matado a su hijo. —Es interesante —comentó Geissler— que el señor fiscal y la señora que ha prestado hoy su testimonio estén tan de acuerdo. —¡Ah, ella! Por cierto, habló bien. Pero ¿para qué sirven las condenas? Las madres solteras han sufrido por anticipado tantos tormentos, encontrándose en unas condiciones tan inhumanas por culpa de la dureza y la brutalidad del mundo, que ya han recibido bastante castigo. Geissler se levantó y dijo para concluir: —Pero también están los niños. —Sí —contestó el fiscal—. Lo de los niños es muy triste. Pero al fin y al cabo tal vez sea una bendición de Dios. A esos niños ilegítimos… ¿cómo les va en la vida? Tal vez Geissler quería tomar un poco el pelo a ese hombre rechoncho, o a lo mejor quería mostrarse misterioso y profundo, pues dijo: —Erasmo era hijo ilegítimo. —¿Erasmo? —Erasmo de Rotterdam. —Ah, sí. —Leonardo era hijo ilegítimo. —¿Leonardo da Vinci? Ah, sí, bueno, siempre hay excepciones que confirman la regla. ¡Pero por lo general…! —Protegemos a los pájaros y a los animales —prosiguió Geissler—. Por eso me parece un poco extraño que no se proteja a los recién nacidos. El fiscal cogió muy dignamente unos papeles del escritorio, señal de que tenía que interrumpir la conversación. —Pues sí —dijo, distraído. Geissler le dio las gracias por una conversación tan instructiva, y se marchó.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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