Se sentía tan decepcionado con el hijo de su hermana que cerró la caja con llave y volvió a meterse en la cama. Desde el lecho no paraba de emitir mensajes: —Este pueblo me ha tenido de apoderado y custodio de su dinero durante treinta años, no tengo la intención de suplicar la ayuda de nadie. ¿Por quién se enteró Oline de que me estaba muriendo? ¿No puedo yo, si así lo deseo, enviar a tres hombres a por el médico? No debéis burlaros de mí. Y tú, Sivert, ¿no puedes esperar hasta que haya expirado? Solo te digo que has leído el documento y que se encuentra en mi caja de caudales. Eso es todo. Pero como ahora me abandones, le dirás a Eleseus que venga él. No lleva mi nombre de pila, pero ¡que venga!
A pesar del tono amenazador de estas palabras, Sivert las meditó y dijo: —¡Le llevaré el mensaje a Eleseus!
La bendición de la tierra - Knut Hamsun
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