Pero cuando detiene la máquina por tercera vez para engrasarla, las gafas se le caen del bolsillo. Lo peor fue que lo vieron los chicos. ¿Había intervenido en aquello un poder superior, como aconsejando un poco menos de arrogancia? La verdad era que se había puesto muchas veces las gafas para estudiar las instrucciones subiendo del pueblo. Pero no había entendido nada. Eleseus tuvo que ayudarle. ¡Santo Dios, la destreza era una buena cosa! Y con el fin de humillarse a sí mismo, Isak dejará de intentar hacer de Eleseus un agricultor, no volverá a mencionarlo. Por otra parte, los chicos no formaron ningún escándalo con lo de las gafas; al contrario, el payaso de Sivert no pudo reprimirse, claro, cogió a Eleseus de la manga y dijo: —¡Ven, vamos a casa a quemar nuestras guadañas! ¡Padre hará la siega en nuestro lugar!
Esa broma resultó muy oportuna.
La bendición de la tierra - Knut Hamsun
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