domingo, 29 de mayo de 2022

La pobre Oline algo podría haber heredado. ¡Habría sido el único momento dorado en toda su vida, ya que esta no la había tratado nada bien! Entrenada en maldades, acostumbrada a buscarse la vida mediante trucos y pequeños engaños de día en día, fuerte por su habilidad para divulgar cotilleos y rumores, temida por su lengua. Nada podría haberla empeorado ya, y mucho menos una herencia. Había trabajado durante toda su vida, parido hijos a los que había enseñado sus propios trucos, había mendigado por ellos, tal vez también robado, pero los había salvado, había sido una madre pobre en recursos. Sus habilidades no eran menores que las de algunos políticos, trabajaba para ella misma y para los suyos, actuaba según le interesaba y subsistía ganándose un queso por esto y un puñado de lana por aquello. Era capaz de vivir y morir de su banal e insincera facilidad de palabra. El viejo tío Sivert quizá la había recordado por un instante como joven, guapa y sonrosada, pero ahora está vieja y deforme, un vivo retrato de la destrucción, debería haber estado muerta. ¿Dónde será enterrada? No tiene un lugar de familia en el cementerio, la bajarán junto a un montón de huesos de desconocidos, ahí es donde acabará. Oline, nacida y muerta. Una vez fue joven. ¿Una herencia ahora, al final de su vida? Pues sí, un único momento dorado en su existencia, y las manos de una esclava se habrían entrelazado un instante para rezar. La justicia habría llegado a ella con ese premio tardío porque mendigó por sus hijos, quizá incluso robó por ellos, pero consiguió salvarlos. Un instante, y volvería a reinar en ella la oscuridad, los ojos mirarían de reojo, los dedos buscarían: —¿Cuánto es? —preguntaría—. ¿Nada más? Volvería a tener razón. Fue madre muchas veces y puso en práctica la vida, lo que merecía una gran recompensa.
Todo falló. La liquidación de los bienes del viejo Sivert ya estaba hecha, y tras el repaso de Eleseus todo había quedado bastante claro, pero la granja y la vaca, el cobertizo de la barca y la red apenas cubrieron el déficit de la caja.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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