Inger llora y se seca los ojos sin parar de hablar. Oline no quiere insistir, si no la quieren puede quedarse en casa de su hijo Nils, donde ha estado hasta ahora. Pero cuando Inger tenga que ir al presidio, Isak y los inocentes pequeños no van a tener quien los cuide, y ella, Oline, podría echarles una mano. Hace que la propuesta parezca atractiva, no estaría nada mal. —Piénsatelo —dice.
Inger está derrotada. Llora, niega con la cabeza y baja la mirada. Se dirige como sonámbula a la despensa y prepara algo de comida a Oline para el camino. —¡No me des nada! —dice Oline. —No cruzarás la montaña sin comida —contesta Inger.
La bendición de la tierra - Knut Hamsun
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