viernes, 13 de mayo de 2022

Entró, y lo primero que vio fue la caja, aquella famosa caja que él había llevado a casa, colgada del cuello, colgaba ahora de dos cuerdas de las vigas del techo, haciendo de cuna para un niño. Inger vagaba por la sala a medio vestir, incluso había ordeñado la vaca y las cabras.
Cuando el niño se calló, Isak preguntó: —¿Ya está? —Sí, ya está. —Bueno. —Vino la misma noche que te fuiste. —Bueno. —Estaba empinándome para colgar la caja, ya tenía todo preparado, pero no pude soportarlo, me vinieron los dolores. —¿Por qué no me avisaste? —¿Cómo iba yo a saber cuando iba a llegar? Es un niño. —Bueno, así que es un niño. —¡Ojalá supiera qué nombre ponerle! —exclamó Inger.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

No hay comentarios:

Publicar un comentario