viernes, 27 de mayo de 2022

En el campo cada estación trae sus milagros, pero lo que siempre está presente e inalterable es ese grave e inmenso sonido del cielo y de la tierra, ese sentirse rodeado por todas partes, la oscuridad del bosque, la amabilidad de los árboles. Todo es pesado y blando, no cabe ningún pensamiento. Al norte de Sellanrå había una pequeña laguna, una charca, no más grande que un acuario. En ella nadaban unos minúsculos peces que nunca crecían, allí vivían y allí morían, sin llegar a nada, Dios santo, a nada. Una noche, Inger estaba intentando escuchar los cencerros de las vacas, pero no oía nada porque todo estaba muerto, pero escuchó un cántico procedente del acuario. Era un cántico breve y casi inexistente. Era la canción de los pececillos.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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