domingo, 15 de mayo de 2022

El comisario no era severo, sino superficial y poco escrupuloso. Ignoró a su tasador, Brede Olsen, y zanjó el importante negocio al tuntún, un asunto de gran envergadura para Isak y su mujer, decisivo incluso para sus descendientes tal vez durante innumerables generaciones. Y él lo escrituró al azar. Ahora bien, fue muy amable con los colonos, sacó del bolsillo una moneda resplandeciente y se la dio al pequeño Sivert. Luego hizo un gesto de despedida y se encaminó al trineo.
De repente preguntó: —¿Cómo se llama este lugar? —¿Que cómo se llama?
—Sí, qué nombre tiene. Hemos de ponerle un nombre.
En eso no habían pensado los habitantes de la granja. Inger e Isak se miraron el uno al otro.
—¿Sellanrå? —preguntó el comisario. Se lo habría inventado, puede que ni siquiera fuera un nombre, pero repitió: —¡Sellanrå! Acto seguido dijo adiós y se marchó.
Todo al azar, los límites, el precio, el nombre…

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

No hay comentarios:

Publicar un comentario