lunes, 30 de mayo de 2022

¡Desde luego, Geissler no iba a ser menos que un ingeniero en el monte! —Me han dicho que tienes una segadora, y ahora te traigo una rastrilladora —dice, señalando la carga que trae en el carro. Allí estaba, roja y azul, un inmenso peine, un rastrillo para enganchar al caballo. La descargaron del carro y se pusieron a estudiarla. Isak se enganchó a ella para probarla en el prado. No era de extrañar que se quedara boquiabierto. ¡Últimamente se acumulaban los milagros en Sellanrå!
Hablaron del monte de cobre y de la compañía minera. —Preguntaron mucho por usted —dijo Isak. —¿Quién? —El ingeniero y todos los señores. Decían que tenían que encontrarlo. ¿Acaso Isak exageraba? Geissler hizo un gesto arrogante con la cabeza y dijo: —¡Si quieren algo de mí, aquí estoy!

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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