domingo, 29 de mayo de 2022

Conque Barbro se había marchado a Bergen. Era lo que Aksel suponía. No se apenó por ello. ¿Apenarse, él? Nada más lejos de eso, esa mujer era un monstruo. Pero hasta entonces no había perdido del todo la esperanza de que volviera. ¡Que el diablo lo entendiera! Al parecer, se había atado demasiado a esa muchacha, a esa bestia, ella le había proporcionado momentos dulces, momentos inolvidables, y precisamente con el fin de evitar que se fugara a Bergen, él había sido tan poco generoso con el dinero para su viaje. Y, sin embargo, ahora había huido. Todavía quedaba en la casa alguna prenda suya, y un sombrero de paja con una pluma seguía envuelto en el desván. Pero ella no volvió a por sus cosas. Pues sí, tal vez estuviera algo apenado. Como una cruel burla, el periódico le seguía llegando, y así sería hasta Año Nuevo.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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