miércoles, 11 de mayo de 2022

Cada vez que bajaba al pueblo con una carga de corteza, intentaba buscar una mujer que lo ayudara, pero no encontraba ninguna. Una viuda y un par de mozas entradas en años le habían echado el ojo, pero sin atreverse a prometerle nada por alguna razón. Isak no entendía por qué. ¿No lo entendía? ¿Quién iba a querer servir a un hombre en los páramos, a millas de distancia del resto del mundo, a un día de viaje de la morada más próxima? Y encima el hombre no tenía encanto alguno, más bien al contrario, y cuando hablaba no era precisamente un tenor con los ojos alzados al cielo, sino que su voz era tosca y tenía algo de animal.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

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