La bendición de la tierra - Knut Hamsun
jueves, 19 de mayo de 2022
Cada día que pasa trae algún nuevo conocimiento: se les explica que cuando salten desde piedras altas deben mantener la lengua bien dentro de la boca y no entre los dientes. Cuando se hagan mayores, tendrán que oler bien para ir a misa, deberán untarse con un poco de hierba lombriguera, esa planta que crece arriba, en la ladera. El padre estaba lleno de sabiduría. Enseñó a los niños cosas de las piedras, del sílex, que la piedra blanca es más dura que la gris; pero cuando encontró un trozo de sílex, también se vio obligado a buscar pedernal, que coció en lejía para hacer yesca. Luego les enseñó a hacer fuego con piedras. De la luna les enseñó que cuando podían cogerla con la mano izquierda, era creciente y cuando podían cogerla con la derecha, era menguante. ¡Recordadlo, chicos! Alguna que otra vez Isak exageraba y decía cosas raras. Una vez, dijo que era más difícil para un camello entrar en el cielo que para un ser humano enhebrar una aguja. Otro día, hablándoles del resplandor de los ángeles dijo, que llevaban estrellas clavadas bajo los tacones de los zapatos en lugar de clavos. Era una enseñanza buena y fiable, muy apropiada para la granja de colonos. El maestro de la escuela del pueblo habría sonreído si la hubiera oído, los hijos de Isak adaptaron sus sueños a las enseñanzas de su padre. Fueron enseñados y educados para su pequeño mundo, ¿qué podía ser mejor que eso? En el otoño, cuando se mataba al ganado, los chicos sentían mucha curiosidad y miedo, y se entristecían por los animales que iban a ser sacrificados. En esos casos, Isak tenía que cogerles una mano y matar con la otra, y Oline removía la sangre. Sacaron al viejo macho cabrío, sabio y barbudo, mientras los niños miraban a hurtadillas desde un rincón. —Este año sopla un viento muy frío —dijo Eleseus, y se dio la vuelta para secarse los ojos. El pequeño Sivert lloraba sin intentar ocultarlo, y sin poder remediarlo, gritó: —¡No, no, pobre macho cabrío! Cuando hubo matado al macho cabrío, Isak se acercó a sus pequeños y les proporcionó la siguiente enseñanza: —Nunca debéis compadeceros ni decir «pobre» a un animal que va a ser sacrificado, porque si lo hacéis, tardará más en morir. ¡Recordadlo!
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