viernes, 27 de mayo de 2022

Actuaba con tanto misterio y se sentía tan orgulloso que las rodillas le flojeaban a cada paso que daba, tal era el ímpetu con el que avanzaba. Si es que iba hacia la muerte y el ocaso, era un hombre valiente, porque no llevaba nada en las manos con que defenderse.
Llegaron los muchachos con el caballo, vieron la máquina y se detuvieron en seco. Era la primera segadora de la comarca, la primera del pueblo, roja y azul, espléndida ante los ojos de los seres humanos. El padre, el cabeza de familia, dijo con indiferencia, como si de cualquier cosa se tratara: —¡Venid a uncir el caballo a la segadora! Y así lo hicieron.
Se pusieron en marcha, el padre dirigía la operación. —¡Brr! —decía la máquina al segar la hierba. Los muchachos iban detrás sin nada en las manos, sin tarea, sonrientes.

La bendición de la tierra - Knut Hamsun

No hay comentarios:

Publicar un comentario