Humillados y ofendidos - Fiodor Dostoyevski
sábado, 9 de enero de 2021
—Sí, prefiero estar en la calle pidiendo limosna, aquí no me pienso quedar —proclamaba entre sollozos—. También mi madre tuvo que mendigar y, al morir, me decía: «Cuando se es pobre, más vale pedir que…». No es ninguna vergüenza tener que pedir: yo no le pido sólo a una persona, sino que le pido a todo el mundo; pedir a una sola persona sí es una vergüenza, pero pedir a todas no; eso es lo que me dijo una mendiga. Soy pequeña, no tengo otra forma de ganarme la vida. Así que le pido limosna a todo el mundo. Pero aquí no quiero estar, no quiero, no quiero, soy mala, soy peor que nadie… ¡Para que vean lo mala que soy! —De pronto Nellie agarró inesperadamente una taza de la mesa y la estampó contra el suelo—. Ahora está rota —afirmó, mirándome con aire triunfal y desafiante—. Sólo había dos tazas —añadió—; voy a romper también la otra… Y entonces ¿cómo piensa tomar el té?
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