domingo, 17 de enero de 2021

¡Sí, de logística! Porque afirmar la teoría de la regeneración de todo el género humano por medio del sistema de sus propios intereses, a mi parecer, es casi lo mismo… que afirmar, siguiendo a Buckle, que la civilización ablanda al hombre, y por consiguiente, lo vuelve menos sanguinario y belicoso. Según la lógica, parece que así es como debiera de ser. Pero el hombre es hasta tal punto aficionado al sistema de las deducciones abstractas, que siempre está dispuesto a distorsionar la verdad intencionadamente y a negar la certeza captada por los sentidos, con tal de justificar su lógica. He escogido el siguiente ejemplo que voy a poner, precisamente por su claridad. Miren a su alrededor: la sangre corre a raudales y de una forma tan sumamente alegre como si del champán se tratara. Aquí tienen ustedes todo nuestro siglo XIX en que vivió Buckle. Aquí tienen a Napoleón, el grande de antes y el de ahora. Aquí tienen la América del Norte, la de la unión perpetua. Aquí tienen finalmente al caricaturesco Schleswig-Holstein… ¿Qué es lo que ha suavizado en nosotros la civilización? Lo único que ésta ha aportado al hombre es una multitud de sensaciones y… decididamente, nada más. Pero con el desarrollo de esa multiplicidad de facetas, el hombre probablemente llegue al extremo de encontrar placer incluso en la sangre. Esto ya ha ocurrido antes. Se han percatado ustedes que los más sofisticados derramadores de sangre casi siempre han sido unos caballeros de lo más civilizados, a los que ni todo tipo de Atilas ni de Stenkas Razins llegarían a la suela de los zapatos. Y si, por el contrario, no destacan tanto como ellos, es porque parecen demasiado familiares, demasiado corrientes, cuando se los encuentra uno. En todo caso, si con la civilización, el hombre no ha llegado a ser más sanguinario, entonces probablemente se ha hecho todavía peor y más vilmente sanguinario de lo que era antes. Porque antes, él veía justicia en el derramamiento de sangre y con conciencia tranquila aniquilaba a quien fuera necesario; sin embargo, ahora, aunque consideremos el derramamiento de sangre como algo abominable, a pesar de todo, probablemente hasta lo practiquemos más que antes.

Memorias del subsuelo - Fiodor Dostoyevski

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