martes, 19 de enero de 2021

Nunca he podido soñar seguidamente durante más de tres meses, sin comenzar a sentir la infinita necesidad de sumergirme en la sociedad. Porque esto último, significaba para mí, hacerle visitas a mi jefe de negociado, Antón Antonych Setochkin. Él era mi único y eterno conocido de toda la vida, cosa que me sigue asombrando hasta hoy día. Yo iba a verle sólo cuando me llegaba la fase y mis sueños comenzaban a rebosar tanta felicidad, que me era imprescindible y necesario tener que abrazarme con la gente, en particular, y con la humanidad entera, en general; y para eso era menester tener una persona con la que poder contar.

Memorias del subsuelo - Fiodor Dostoyevski

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