Memorias del subsuelo - Fiodor Dostoyevski
sábado, 16 de enero de 2021
Me parecía mentira que esto les pudiera estar sucediendo a otras personas, y por ello lo mantuve como un secreto durante toda mi vida. Me avergonzaba de ello (hasta puede que incluso también ahora me avergüence); llegaba hasta el extremo de experimentar una satisfacción secreta, anormal y ruin, cuando durante alguna repugnante noche petersburguesa, de regreso a mi rincón, tomaba intensa conciencia de que también aquel día había realizado yo otra villanía, y que lo hecho ya no podía volverse atrás ni tampoco deshacerse; y así, a solas y en secreto, me reconcomía y me roía internamente; me roía por ello a dentelladas, torturándome y chupándome hasta que finalmente el sabor amargo terminaba por tornarse en un vergonzoso y maldito placer, y después, definitivamente en todo un deleite. ¡Sí, en un deleite, un deleite! Insisto en ello. Por eso saqué el tema, porque a pesar de todo, deseaba saber si también había gente que experimentaba ese tipo de placer.Les explicaré: el placer procedía aquí exactamente del exceso de conciencia de mi propia humillación; de sentir que había llegado hasta el último extremo; que aunque resultara repugnante, no podía ser de otro modo; que no tenía salida y que nunca podría convertirme en otro hombre; que incluso, quedando tiempo y fe suficientes para convertirme en alguna otra cosa, ni yo mismo, probablemente, deseara ya cambiar; y si lo hubiera deseado, tampoco con eso conseguiría nada, pues puede que en realidad, ya no pudiera convertirme en ninguna otra cosa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario