domingo, 10 de enero de 2021

En seguida di alcance al anciano.
—Esa pobre niña ha sufrido mucho; hazme caso, Iván: bastante tiene ya con lo suyo, para que venga yo a hablarle de mis penas —dijo con una sonrisa amarga—. He enconado su herida. Dicen que un saciado no comprende a un hambriento; pero yo, Vania, añadiría que un hambriento no siempre comprende a otro hambriento. Bueno, ¡adiós!
Tenía intención de comentarle otro asunto, pero el anciano me disuadió con un gesto.
—No necesito más consuelos; más te vale estar atento, porque esa niña puede escapársete en cualquier momento; esa sensación da —añadió irritado y se alejó a buen paso, haciendo molinetes con el bastón y dando golpes en la acera.
No contaba él con que iba a resultar profético.

Humillados y ofendidos - Fiodor Dostoyevski

No hay comentarios:

Publicar un comentario