Bueno sí; pero sobre el papel resulta más solemne. Hay algo en ello que impone; se juzga uno más a sí mismo y se pule el estilo. Al margen de esto, posiblemente la escritura también me aporte algo de alivio. Últimamente, por ejemplo, tengo un recuerdo del pasado que me oprime el alma. Lo recordé con claridad hace unos días, y desde entonces ya no me deja en paz, como si fuera una dolorosa tonadilla musical que no me abandona ni a sol ni a sombra. Y sin embargo, debo librarme de ese recuerdo. Tengo cientos de recuerdos de ese tipo; pero de tiempo en tiempo, uno de ellos sobresale de entre los cien y me empieza a agobiar. Así pues ¿por qué no intentar escribirlo?
Por último: estoy aburrido y siempre estoy sin hacer nada. Además, la escritura es algo que realmente se parece a un trabajo. Dicen que a base de trabajar, el hombre se va haciendo más bondadoso y honrado. Al menos aquí hay una posibilidad.
Hoy está nevando; cae una nieve húmeda, amarillenta y sucia. Ayer llovió, y los días de atrás, también. Me da la impresión de que fue el motivo del aguanieve lo que me hizo recordar aquel suceso que ahora no me deja en paz. Así pues, he pensado denominar este relato «a propósito del aguanieve».
Memorias del subsuelo - Fiodor Dostoyevski
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