Humillados y ofendidos - Fiodor Dostoyevski
jueves, 20 de agosto de 2020
Era una historia sobrecogedora; era la historia de una mujer abandonada, que había sobrevivido a la adversidad, enferma, exhausta y olvidada por todos, rechazada por la última persona en la que podía depositar sus esperanzas: su propio padre. Ella le había ofendido en otros tiempos, y más tarde los sufrimientos insoportables y las humillaciones habían acabado por hacerle perder a él la razón. Era la historia de una mujer arrastrada a la desesperación, vagando con su hija, a la que todavía consideraba una criatura, por las frías y sucias calles de San Petersburgo, pidiendo limosna; una mujer que estuvo después meses agonizando en un húmedo sótano, y a quien su padre se negó a concederle su perdón hasta el último minuto de su vida. Sólo en el último momento, tras recapacitar, corrió a perdonarla, pero entonces se encontró con un cadáver helado, en lugar de con la hija a la que había amado más que a nada en el mundo. Era el extraño relato de las misteriosas relaciones, muy difíciles de entender, entre un viejo chiflado y su pequeña nieta, que ya era capaz de comprenderle, que comprendía ya, a pesar de su corta edad, muchas cosas que otros no alcanzan a comprender a lo largo de toda una vida tranquila, sin sobresaltos. Era una historia sombría, una de esas historias sombrías y penosas que con tanta frecuencia y de forma inadvertida, casi misteriosa, se desarrollan bajo el pesado cielo de San Petersburgo, en los oscuros y secretos callejones de la enorme ciudad, entre el delirante bullir de la vida, el obtuso egoísmo, los intereses encontrados, la lúgubre depravación, los crímenes encubiertos; en medio del abyecto infierno de una vida absurda y anormal…
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