miércoles, 22 de julio de 2020

»El conde Altamira me contaba que, la víspera de su muerte, Danton, con aquel vozarrón suyo, decía: “Qué cosa más singular, no se puede conjugar el verbo guillotinar en todos los tiempos; sí que se puede decir: ‘Me van a guillotinar, te van a guillotinar’, pero no se dice: ‘Me han guillotinado’”.
»Y ¿por qué no si hay otra vida…? —siguió diciendo Julien—. La verdad es que si me encuentro con el dios de los cristianos estoy perdido: es un déspota y, como tal, rebosante de ideas de venganza; su Biblia no habla sino de castigos atroces. Nunca lo he querido; ni siquiera he querido creer nunca que alguien le tuviera un amor sincero. No tiene compasión alguna —y recordó unos cuantos pasajes de la Biblia—. Me castigará de una forma abominable.
»Pero ¡y si me encuentro con el dios de Fénelon! A lo mejor me dice: “Porque amaste mucho, mucho te será perdonado”…
»¿He amado mucho? ¡Ay!, amé a la señora de Rênal, pero mi comportamiento fue atroz. En eso, como en otras cosas, quedó al margen el mérito sencillo y modesto por cosas más brillantes…
»Pero ¡es que eran unas perspectivas…! Coronel de húsares, si había guerra; secretario de legación en la paz; luego, embajador… pues pronto habría estado al tanto de los asuntos… e incluso aunque no hubiera sido más que un tonto, ¿a qué rival podría haber temido el yerno del marqués de La Mole? Me habrían perdonado todas las tonterías, o, más bien, habrían contado como méritos. Hombre de mérito y disfrutando de la existencia más suntuosa en Viena o en Londres…
»Pues no va a ser exactamente así, caballero: lo guillotinan dentro de tres días.»
»Pues no va a ser exactamente así, caballero: lo guillotinan dentro de tres días.»
Julien rio de buena gana con aquella salida de su ingenio. «En verdad que un hombre lleva dos personas en sí —pensó—. ¿A quién demonios se le ha ocurrido ese comentario malévolo?
»Pues sí, amigo mío, guillotinado dentro de tres días —le contestó a quien lo había interrumpido—. El señor de Cholin alquilará una ventana a medias con el padre Maslon. Y por el precio del alquiler de esa ventana, ¿cuál de esos dos dignos personajes votará al otro?»
Recordó de pronto el siguiente pasaje de la obra Venceslas de Rotrou:
LADISLAS
Tengo el alma dispuesta.
El rey (padre de Ladislas)
También lo está el patíbulo; pon allí la cabeza.

Rojo y negro - Stendhal

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