viernes, 17 de julio de 2020

Cuando él se estaba despidiendo, Mathilde le estrechó el brazo con fuerza:
—Va a recibir esta noche una carta mía —le dijo con voz tan alterada que no se le reconocía el timbre.
Esta circunstancia impresionó a Julien en el acto.
—Mi padre —siguió diciendo ella— siente una justificada estima por los servicios que usted le presta. Tiene que quedarse mañana; dé con un pretexto.
Y se alejó corriendo.
Tenía un talle delicioso. Era imposible tener un pie más lindo; corría con un donaire que embelesó a Julien; pero ¿podrá adivinar el lector qué fue lo siguiente que pensó este cuando ella hubo desaparecido? Se ofendió con el tono imperativo de ese tiene que: también a Luis XV, en el momento de morir, le resultó muy irritante que su médico de cabecera dijese torpemente tiene que, y eso que Luis XV no era un advenedizo.

Rojo y negro - Stendhal

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