miércoles, 3 de junio de 2020

—Estoy aquí por mi apellido. Pero en los salones franceses aborrecen el pensamiento. No debe ir más allá de la agudeza que remata una estrofa de vodevil, y entonces lo premian. Pero al hombre que piensa, si tiene energía y salidas nuevas, lo llaman aquí cínico. ¿No fue así como uno de sus jueces llamó a Courier[43]? Lo metieron ustedes en la cárcel, igual que a Béranger[44]. Todo lo que vale algo aquí por inteligente, la Congregación se lo echa a la policía correccional; y la buena sociedad aplaude.
»Y es que esta sociedad suya envejecida valora por encima de todo las conveniencias… Nunca irán más allá de la valentía militar; tendrán hombres como Murat, pero nunca hombres como Washington. No veo en Francia sino vanidad. Un hombre que inventa según habla llega con facilidad a un arranque imprudente y el dueño de la casa piensa que lo ha deshonrado.

Rojo y negro - Stendhal

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