Se le puede reprochar, desde luego, al trato de provincias un tono vulgar o poco educado. Pero cuando le contestan a uno ponen cierta pasión. En el palacete de La Mole nunca hería nadie el amor propio de Julien, pero, al final del día, tenía ganas de llorar. En provincias, un mozo de café se interesa por nosotros si nos ocurre un accidente al entrar en dicho café. Pero si hay en el accidente algo poco grato para el amor propio, al tiempo que nos compadece repetirá diez veces la palabra que nos tortura. En París tienen la atención de reírse a escondidas, pero siempre es uno un forastero.
Rojo y negro - Stendhal
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