martes, 28 de abril de 2020

Había unos cuantos hombres, entre los que Julien reconoció con indecible agrado al joven obispo de Agde, que se había dignado dirigirle la palabra unos meses antes en la ceremonia de Bray-le-Haut. El joven prelado se asustó seguramente de la mirada afectuosísima que clavaba en él la timidez de Julien y no tuvo interés alguno en reconocer al provinciano aquel.
Le pareció a Julien que en los hombres del salón había algo triste y cohibido; en París se habla bajo y no se exageran las cosas menudas.

Rojo y negro - Stendhal

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