Más adelante, le incumbió a Julien repasar las cuentas de lo que había costado la ceremonia aquella. El marqués de La Mole, que le había conseguido un obispado a su sobrino, había querido hacerle el cumplido de correr con todos los gastos. Solo la ceremonia de Bray-le-Haut costó tres mil ochocientos francos.
Tras el discurso del obispo y la respuesta del rey, su majestad se colocó bajo el palio y luego se arrodilló muy devotamente en un almohadón, cerca del altar. En el coro había, todo alrededor, sillas y esas sillas estaban dos peldaños más arriba del suelo. Era en el último de esos peldaños donde estaba sentado Julien, a los pies del padre Chélan, más o menos como el caudatario junto a su cardenal en la Capilla Sixtina de Roma. Hubo un Te Deum, oleadas de incienso, interminables descargas de mosquetería y artillería; los campesinos estaban embriagados de dicha y devoción. Un día así desbarata la obra de cien números de los periódicos jacobinos.
Rojo y negro - Stendhal
No hay comentarios:
Publicar un comentario