Para alcanzar la consideración pública en Verrières, lo esencial es, al tiempo que se construyen muchas paredes, no atenerse a ninguno de esos planos que traen de Italia los albañiles que en primavera cruzan las gargantas del Jura para ir a París. Una innovación así le valdría al edificador imprudente una reputación eterna de mala cabeza y nunca más lo tomarían en cuenta las personas sensatas y moderadas en cuyas manos está el reparto de consideración en el Franco Condado.
En la práctica, esas personas sensatas ejercen allí el más fastidioso de los despotismos; por culpa de esta palabra tan fea se le hace insoportable la estancia en las ciudades pequeñas a quien haya vivido en esa gran república que llaman París. La tiranía de la opinión (¡y menuda opinión!) es tan estúpida en las ciudades pequeñas de Francia como en los Estados Unidos de América.
Rojo y negro - Stendhal
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