viernes, 20 de diciembre de 2019

»—Querida —le dije—, ¿no te das cuenta de que esto es una broma? ¡Qué susto te has llevado! Anda, ve a beber un vaso de agua y vuelve aquí, te presentaré a mi viejo amigo y compañero.
»Masha no acababa de creérselo.
»—Dígame, ¿está diciendo la verdad mi marido? —preguntó, dirigiéndose al terrible Silvio—. ¿Es verdad que todo esto es una broma?
»—Su marido siempre está de broma, condesa —le contestó Silvio—. Una vez me dio en broma una bofetada, en broma me atravesó esta gorra, en broma acaba de fallar; ahora soy yo quien tiene ganas de gastar una broma…
»Con estas palabras empezó a apuntarme… ¡delante de ella! Masha se echó a sus pies.
»—¡Levántate, Masha, qué vergüenza! —grité fuera de mí—, y usted, caballero, ¿quiere dejar de burlarse de esta pobre mujer? ¿Va a disparar o no?
»—No lo haré —contestó Silvio—, ya estoy satisfecho, he visto tu desesperación, tu miedo; te he obligado a que me dispararas, tengo suficiente. Te acordarás de mí. Te dejo en manos de tu conciencia.
»Se dirigió a la salida, pero se detuvo en la puerta; miró al cuadro que yo había atravesado; casi sin apuntar disparó en el mismo lugar y desapareció. Mi mujer se había desmayado; los criados no se atrevían a detenerle, le miraban con horror; salió a la calle, llamó al cochero y se marchó antes de que yo pudiera reaccionar.

El disparo - Aleksandr Pushkin

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