jueves, 28 de noviembre de 2019

—Sí. Su amor por ti comenzó el día de su cumpleaños. Pero ella considera imposible casarse contigo, porque eso te cubriría de vergüenza y amargaría tu vida. «A todos les consta quién soy», suele decir. Y en ese sentido, su lenguaje no ha cambiado hasta ahora. Ella misma me lo ha dicho en la misma cara, sin rodeos. Teme perderte y deshonrarte; pero respecto a mí no la detiene ningún escrúpulo de ese género. Conmigo puede casarse cualquiera… ¡Ese es el honor que me hace, fíjate en ello…!
—Pero ¿cómo pudo ser que ella te abandonara para refugiarse conmigo y luego…?
—¿Haya vuelto a mí? Hay que tener en cuenta las fantasías que le acuden de pronto al espíritu. Ahora se halla en una especie de estado febril. Un día me gritó: «¡Me caso contigo como quien se suicida! ¡Casémonos cuanto antes!». Ella misma apresuró los preparativos, fijó la fecha de la ceremonia, y luego, al acercarse el momento, se espantó o se le llenó la cabeza de otras ideas. ¡Bien lo sabe Dios! Y tú mismo lo has visto. Unas veces llora, otras ríe, otras se agita como febril… ¿Por qué te extraña que huyera de ti? Te abandonó porque sabía lo mucho que te amaba. No se sentía capaz de resistir a su pasión. Antes has dicho que yo la busqué en Moscú, y eso es un error, porque fue ella quien, para huir de ti, se refugió a mi lado y me dijo: «Señala la fecha; estoy preparada. Encarga champaña. ¡Y ahora vayamos con los gitanos!». Puedes tener la certeza de que, de no ser por mí, hace tiempo que se habría suicidado. Si no se tira al río, es porque yo ofrezco menos peligros que el agua. Y si se casa conmigo, será por despecho.

El idiota - Fiodor Dostoyevski

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