—Hace un momento, estando a cien pasos de esta casa, adiviné que era la tuya —dijo el príncipe.
—¿Por qué?
—No puedo decírtelo. Tu casa tiene la fisonomía de tu familia. Los Rogochin, después de residir largo tiempo en ella, parecen haberla marcado con su sello. Pero si me preguntas cómo he llegado a esa conclusión, no podré explicártelo. Sin duda fue en virtud de una especie de delirio. Incluso me asusta ver lo que ello me agitó. Antes no se me hubiera ocurrido pensar que tú vivías en una casa semejante, y, sin embargo, en cuanto la distinguí, me dije: «Ésa debe de ser su residencia».
El idiota - Fiodor Dostoyevski
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