La montaña mágica - Thomas Mann
lunes, 18 de noviembre de 2019
Entonces ella le besó en la boca. Fue un beso ruso, de los que se dan en ese país, tan vasto como apasionado, en las festividades cristianas más solemnes, como signo de consagración del amor. Claro que, como quienes se lo dieron fueron un joven «muy listo» y una encantadora mujer de andares felinos, al tiempo que lo narramos nos viene inevitablemente a la cabeza el modo tan inspirado —si bien bastante cuestionable— en que el doctor Krokovski hablaba del amor en términos ligeramente ambiguos, con lo cual nadie estaba del todo seguro de si era un sentimiento piadoso o más bien carnal y pasional. ¿Somos ambiguos nosotros al hablar ahora del beso ruso, o lo son Hans Castorp y Clavdia Chauchat al dárselo? Ahora bien, ¿qué diría el lector si nos negásemos a llegar al fondo de la cuestión? En nuestra opinión, merecería entrar en el análisis, pero —repitiendo las palabras del propio Hans Castorp— sería «la mayor torpeza imaginable» e incluso un acto casi insultante hacia la vida intentar diferenciar «rigurosamente» entre lo piadoso y lo pasional al hablar del amor. ¿Qué significa «rigurosamente»? ¿Qué es «ambiguo», «equívoco»? No ocultamos que nos reímos de estas diferenciaciones. ¿No es algo grande y bueno que la lengua no posea más que una única palabra para todo lo que puede comprender ese «amor», desde el sentimiento más piadoso hasta el más carnal y visceral? Es la perfecta univocidad dentro de la ambigüedad, pues el amor no puede dejar de ser material aun en su máximo grado de piedad, como tampoco puede dejar de ser una forma de piedad aun en su carnalidad más extrema; el amor siempre es amor, ya se manifieste como amor por la vida misma o como pasión desenfrenada, el amor es sinónimo de simpatía por cuanto tiene vida orgánica, el conmovedor y voluptuoso abrazo de lo que nace abocado a convertirse en polvo; la caridad está, sin duda, tanto en la pasión más admirable como en la más desaforada. ¿Ambigüedad? ¡Dejemos que sea ambiguo el significado del amor, por Dios! Esa ambigüedad es vida y es humanidad, y sería muestra de una falta de inteligencia terrible preocuparse por esa ambigüedad.
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