martes, 12 de noviembre de 2019

El sitio de su derecha estaba vacío, pues sólo había sido ocupado pasajeramente por un visitante, como lo fuera él mismo al principio; por un pariente, un invitado, un mensajero del mundo de allá abajo; en una palabra: por James Tienappel, el tío de Hans.
Era una sensación muy extraña ver, de repente, sentado al lado de uno, a un representante y enviado del mundo de allá abajo, cuyo buen traje inglés aún estaba impregnado de la atmósfera del pasado, de una vida anterior, de cuanto había quedado atrás para siempre, de aquella «tierra» que, a los ojos de los de arriba, se encontraba en lo más hondo de las profundidades. Pero no se había podido evitar. Desde hacía tiempo, Hans Castorp esperaba aquel «asalto», e incluso sabía de antemano quién sería la persona encargada de llevarlo a cabo, cosa que, por otra parte, no era difícil de adivinar, pues Peter, el primo que estaba en la Marina, no podía ser, y ya sabemos que el tío abuelo Tienappel siempre decía que ni diez caballos lograrían arrastrarle hasta esas comarcas cuya presión atmosférica le inspiraba toda clase de temores. No, el encargado de la investigación acerca del desaparecido Hans tenía que ser James Tienappel. Hans Castorp incluso le había esperado antes. Desde el momento en que Joachim había regresado a su casa y dado cuenta de la situación en el círculo de la familia, el «asalto» era inevitable e inminente, de modo que Hans Castorp no se sorprendió lo más mínimo cuando, a los catorce días justos de la partida de Joachim, el portero le entregó un telegrama que, como ya había imaginado, contenía la noticia de la próxima llegada de James Tienappel. Éste tenía que arreglar unos asuntos en Suiza y, con tal motivo, aprovechaba para realizar una pequeña excursión hasta las alturas en que habitaba Hans. Anunciaba su llegada para dos días después.

La montaña mágica - Thomas Mann

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