—¿Y usted cómo lo hizo, y usted cómo lo hace?
Mira, niño, no hay fórmulas, no hay recetas. Aprende y espabila. Ten paciencia, pero no dejes de impacientarte todos los días. Ten paz, pero no dejes a nadie en paz. O la estudiante de gafas, bajita, sonriente, incondicional. «¿Y cómo se escribe un artículo, y cómo se hace una novela?» Siempre preguntan esas cosas. ¿Se acuesta usted pronto, se levanta usted tarde? Piensan que el secreto está en alguna fórmula vital, en madrugar mucho para que Dios ayude —pues están frescos— o en trasnochar mucho para que ayude el diablo. No tienen paciencia para esperar a ver qué pasa. Quieren robarle a uno el secreto en media hora, salir de aquí con la fórmula y la alquimia para fabricar oro por las noches, aunque sea oro falso o calderilla de oro.
No saben que todo es una larga paciencia, como dijo el otro. Pero una suerte de paciencia impaciente. Y que al final tampoco se está en posesión de ninguna verdad, sino que hay que descubrir la piedra filosofal todos los días, y encontrarla entre las piedras grises y torpes, que son las que más abundan. Y probar a beber en la fuente de la eterna juventud, que a lo mejor mana por el grifo de la cocina.
Mortal y rosa - Francisco Umbral
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