La montaña mágica - Thomas Mann
martes, 29 de octubre de 2019
Un detalle que mencionó el nieto Settembrini causó especial impresión al joven Hans Castorp, a saber, que el abuelo Giuseppe siempre se presentaba ante sus conciudadanos vestido de negro, pues decía que llevaba luto por Italia, su patria, esclavizada e infeliz. Al oír eso, Hans Castorp, que ya había trazado varias comparaciones en su mente, no pudo evitar acordarse de su propio abuelo, quien igualmente, durante todo el tiempo en que su nieto le había conocido, había vestido de negro, si bien por un motivo muy diferente del de este otro: recordó aquellos atuendos pasados de moda en los que el verdadero espíritu del abuelo —un espíritu de otra época también— había tratado de adaptarse al presente de un modo provisional y subrayando siempre este desfase esencial hasta que, finalmente, la esencia y la apariencia volvieran a conciliarse en la obligada solemnidad de su entierro (con gola española bien almidonada). ¡Qué dos abuelos tan diferentes! Hans Castorp reflexionaba sobre esto mientras sus ojos adquirían una expresión fija y meneaba prudentemente la cabeza, un movimiento que podía interpretarse como una muestra de admiración hacia Giuseppe Settembrini aunque también como un signo de extrañeza y desaprobación.
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