Sviyazhski era uno de esos hombres, siempre incomprensibles para Lievin, cuyos pensamientos, bien eslabonados aunque nunca propios, siguen un camino fijo, y cuya vida definida y firme en su dirección discurre por sí misma de un modo completamente independiente y casi siempre en oposición a sus ideas. Sviyazhski era muy liberal.
Despreciaba a la nobleza, consideraba que la mayoría de los nobles eran partidarios de la servidumbre y que solo por cobardía no lo declaraban. Consideraba que Rusia era un país perdido, por el estilo de Turquía, y su gobierno tan malo, que ni siquiera se permitía criticar en serio sus actos. Pero al mismo tiempo era funcionario del Estado y un mariscal de la nobleza modelo, que siempre llevaba en sus viajes el gorro de visera con la escarapela y el galón rojo. Opinaba que solo era posible vivir en el extranjero, adonde se iba siempre que tenía ocasión, pero a la vez dirigía en Rusia una propiedad muy compleja y perfeccionada y se enteraba con mucho interés de todo lo que sucedía en su país. Creía que los campesinos rusos se hallaban por su inteligencia en un grado intermedio entre el hombre y el mono, y, sin embargo, en las elecciones del zemstvo, estrechaba las manos a los mujiks, escuchando sus opiniones con más gusto que cualquier otra persona. No creía en Dios ni en el diablo, pero le preocupaba mucho la cuestión de mejorar la situación del clero; creía necesaria la reducción de las parroquias, pero al mismo tiempo procuraba que en su aldea quedase la iglesia.
Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi
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