lunes, 21 de octubre de 2019

Solo sabía y sentía que estaba en la misma situación que hacía un año en la fonda de aquella capital de provincia, junto al lecho mortuorio de su hermano Nikolái. Pero aquello era una desgracia y, en cambio, esto una alegría. Tanto aquella desgracia como esta alegría estaban fuera de las condiciones habituales de la vida, eran como un claro en el que se vislumbraba algo superior. El acontecimiento llegaba difícil y dolorosamente, lo mismo que se elevaba el alma, ante este hecho sobrenatural, a unas alturas inaccesibles, en las que no había estado antes y a donde no podía alcanzar la razón.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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