—Es que verás, tú eres un hombre íntegro —dijo Stepán Arkádich—. Este es tu defecto y tu cualidad. Tienes un carácter íntegro y quieres que toda la vida se componga de manifestaciones íntegras; pero eso no suele ocurrir. Desprecias la actividad social del Estado, porque quisieras que todo esfuerzo estuviera siempre en relación con su fin, y eso no sucede así. También te gustaría que la actividad de un hombre tuviera un objeto, que el amor y la vida conyugal fueran una misma cosa, pero esto no ocurre así. Toda la diversidad, todo el encanto, toda la belleza de la vida se compone de luces y de sombras.
Lievin suspiró sin contestar nada. Pensaba en sus cosas y no escuchaba a Oblonski. Y de pronto ambos sintieron que, aunque eran amigos, aunque habían comido y bebido juntos, cosa que debía de haberlos unido más, cada cual pensaba en lo suyo sin preocuparse en absoluto del otro. No era la primera vez que Oblonski experimentaba después de comer esa división extrema en lugar de un acercamiento, y sabía lo que se debía hacer en tales casos.
—¡La cuenta!
Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi
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