viernes, 4 de octubre de 2019

—¿Sabes que nuestro hermano Nikolái está aquí otra vez?
Nikolái, hermano mayor de Konstantín Lievin y hermanastro de Serguiéi Ivánovich, era un hombre perdido; había disipado gran parte de su fortuna, tenía relación con gente extravagante y de mala fama y estaba reñido con sus dos hermanos.
—¿Qué dices? —exclamó Lievin, horrorizado—. ¿Cómo lo sabes?
—Prokofi lo ha visto en la calle.
—¿Aquí, en Moscú? ¿Dónde para? ¿Lo sabes?
Lievin se levantó, como disponiéndose a salir enseguida.
—Lamento habértelo dicho —replicó Serguiéi Ivánovich, moviendo la cabeza al ver la agitación de su hermano—. He mandado averiguar dónde vive y le he remitido la letra de Trubin que pagué. He aquí lo que me ha contestado.
Serguiéi Ivánovich le tendió a su hermano un papel que tenía debajo del pisapapeles. Lievin leyó aquella nota, escrita con una letra extraña, que le era familiar:

Os ruego encarecidamente que me dejéis en paz. Es lo único que exijo de mis amables hermanos.
NIKOLÁI LIEVIN

Después de leerla, Lievin permaneció ante su hermano con la nota entre los dedos, sin levantar la cabeza. En su alma luchaban el deseo de olvidar a su desdichado hermano y la conciencia de que eso no estaba bien.
—Por lo visto quiere herirme —continuó Serguiéi Ivánovich—, pero no puede hacerlo. Desearía ayudarle con toda mi alma, pero sé que es imposible.
—Sí, sí —replicó Lievin—. Te entiendo y aprecio tu comportamiento hacia él, pero iré a verle.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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