Porque tanto esfuerzo, tanta vida, tanta esperanza y tanta letra menuda han venido a parar en esto. Esto, de lo que querías huir siempre, y que espera al final de toda existencia. La casa fría, las habitaciones solas, un hogar encallado, una soledad como un naufragio, ropas tristes, abrigos como víctimas, cosas caídas del techo o del cielo, un reducto de libros y muerte por el que me muevo hablando solo, torpemente, buscando algo, buscándome, y la desesperanza de la chaqueta en una silla, vistiendo el respaldo con una inútil adecuación, como el remedo de una persona, de mí mismo, con pecho de mimbre y sin cabeza. Se han retirado las aguas de la catástrofe y estoy aquí, pisando humedades secretas, filtraciones letales, entre cuadros, libros, sillas, lámparas, como en la almoneda de mi vida, en la ropavejería que acaba siendo siempre un hogar, en la compraventa secreta de la derrota, en la chamarilería atroz a la que todos venimos a parar antes o después. Me sirvo un vaso de agua y espero.
Mortal y rosa - Francisco Umbral
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