jueves, 3 de octubre de 2019

Pero Lievin estaba enamorado, y por eso le parecía que Kiti era una criatura tan perfecta en todos sentidos, tan por encima de todo lo terrenal, siendo él, en cambio, un ser tan bajo y mundano, que no podía pensar siquiera en que la muchacha ni los demás lo considerasen digno de ella.
Estuvo dos meses en Moscú, como en un sueño, encontrándose con Kiti casi a diario en las reuniones de sociedad, a las que asistía por verla, cuando decidió repentinamente que no tendría éxito en su propósito, y se marchó al pueblo.
Para creer que aquello era imposible, Lievin se basaba en que, ante los padres de Kiti, él no era un partido bueno ni conveniente para la deliciosa muchacha, y en que ella no podría amarle. Ante los padres de Kiti, Lievin aparecía sin una profesión determinada ni posición social alguna, mientras que los compañeros de su edad eran ya, uno coronel y ayudante de campo, otro catedrático, otro director de un banco y de una compañía de ferrocarriles, y, por último, otro, presidente de un tribunal, como Oblonski. Él, en cambio (sabía perfectamente el efecto que esto producía en los demás), era terrateniente, se dedicaba a la cría de ganado, a la caza de perdices y a la construcción, es decir, era un hombre sin aptitudes, que no había llegado a ser nada y, según el parecer de la gente, hacía lo que hacen los que no sirven para nada.

Anna Karenina - Lev Nikolaievich Tolstoi

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